Alégrate María, Inmaculada y Santa, amada de Dios,Madre de Jesús y nuestra, incansable auxilio de los pecadores, maternal intercesora, acuérdate de este hijo tuyo. Amén.

Reina del Cielo, alégrate, aleluya,

porque el Señor, a quien llevaste en tu seno, aleluya,

ha resucitado, según su palabra, aleluya.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores,

ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

La Corona de Adviento

La vela blanca del centro es la Luz de Jesús que con su nacimiento, viene a iluminar definitivamente la vida del hombre. Es una costumbre que reúne a la familia, pues es allí en donde se sugiere la celebración. La familia unida hace una oración en torno a la corona, con alguna meditación alusiva a las lecturas dominicales; se enciende una vela cada semana cantando algo que hable de la espera del Salvador. La noche del 24 de diciembre con las cuatro velas encendidas, se enciende por último la vela blanca cantando villancicos y se “acuesta al niño Jesús” en el nacimiento, como de costumbre, desde luego después de haber leído el Evangelio del relato del Nacimiento en Belén y de haber hecho una reflexión y oración todos juntos. Generalmente en los templos se reparten hojas con oraciones sugeridas para esta celebración.

Adoptaron este símbolo para expresar y vivir su fe en torno a la persona del Mesías.Las cuatro velas que se colocan alrededor, significan la luz que disipan las tinieblas del pecado,  son tres de color morado, que hablan del deseo de conversión y una rosa que habla de la alegría vivida con María, por la inminente llegada de Jesús.

La corona de Adviento es el primer signo que anuncia la Navidad. Esta realizada con ramas verdes de follaje perenne, pues simboliza la Eternidad, y el color la esperanza y la vida. Va enrollada con un listón rojo, símbolo del amor de Dios que nos envuelve y también de nuestro amor que espera con ansiedad el nacimiento del Hijo de Dios. En el centro del círculo se colocan las cuatro velas (pueden ser tres moradas y una rosa o bien todas blancas) para encenderse una cada domingo de Adviento. La luz de la vela simboliza nuestra fe. En Navidad se puede añadir una quinta vela blanca, hasta el final del tiempo de Navidad. Bendición de la corona de Adviento
OH Señor Jesús, oh Nuestro Rey, bendice esta corona para que sepamos esperar Tu llegada llenos de confianza cumpliendo Tu Palabra.   Para que nuestra vida se haga llama que refleje Tu Mirada y sepamos rendirte eterna alabanza haciendo de nuestra alma una cuna santa.   Amén.   Primer domingo   Que tengamos una fe encendida como la tuvo María. Que sepamos vivir en este Adviento un tiempo de vigilia sobre nuestro corazón, buscando nuestra conversión para ser verdaderos testigos del Salvador.

¡Ven Señor Jesús, ven! Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

Segundo domingo:

Que sepamos amar sirviendo a los demás con humildad. Que al igual que María vivamos el amor de Dios como una verdadera oblación y canto de amor.

¡Ven Señor Jesús, ven!
Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.
Tercer domingo:   ¡Junto a los pastores alabemos a  Nuestro Rey que ha nacido en Belén! Que la fe, la esperanza y la caridad vengan a abrasar nuestro corazón, para que cantemos como hermanos a Jesús que ya llegó.

¡Ven Señor Jesús, ven!

Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.
Cuarto domingo: Que nuestro camino sean sonrisas de esperanza, pues quien a Dios tiene todo lo alcanza. Con la confianza puesta en el Mesías sigamos la Estrella hacia la gruta de la Vida.

¡Ven Señor Jesús, ven! Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.
Que en esta coron
a de Navidad esté escondida nuestra familia, para que ella viva junto a Jesús Eucaristía.

Con Cristo, el reino está cerca dentro de nosotros. La voz del Bautista es el clamor del adviento: «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios … » (Is 40,3-5). El adviento nos enseña a hacernos presentes en la historia de la salvación de los ambientes, a entender el amor como salida de nosotros mismos y la solidaridad plena con los que sufren.

Jesús es el Mesías. Será el liberador del hombre entero. Luchará contra todo el mal y lo vencerá no por la violencia, sino por el camino de una victimación de amor. La salvación pasa por el encuentro personal con Cristo.

Invitacion de Maria Reina del Cielo


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