Mi corazón se alegra en el Señor, en Dios me siento yo fuerte y seguro. Ya puedo responder a mis contrarios, pues eres tú, Señor, el que me ayuda. Mi corazón se alegra en Dios, mi salvador.

diciembre 22, 2010

Evangelio

san Lucas 1, 46-56


En aquel tiempo, María dijo:
“Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador, porque puso sus
ojos en la humildad de su esclava. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones,
porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede.
Santo es su nombre, y su misericordia llega de generación en generación a los que lo temen.
Ha hecho sentir el poder de su brazo: dispersó a los de corazón altanero,destronó a los
potentados y exaltó a los humildes. A los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los
despidió sin nada.
Acordándose de su misericordia, vino en ayuda de Israel, su siervo, como lo había prometido a
nuestros padres, a Abrahán y a su descendencia, para siempre”.
María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

 

La virtud de la humildad  es la verdad, es el reconocimiento verdadero de lo que somos y valemos ante Dios y ante los demás; es también el vaciarnos de nosotros mismos y dejar que Dios obre en nosotros con su gracia. “Es rechazo de las apariencias y de la superficialidad; es la expresión de la profundidad del espíritu humano; es condición de su grandeza”

 

La Virgen lleva la alegría por donde pasa: en cuanto llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno2, le dice Santa Isabel refiriéndose a Juan el Bautista, que crecía en su vientre. A la alabanza de su prima, la Virgen responde con un bellísimo canto de júbilo. Mi alma glorifica al Señor; y mi espíritu está transportado de gozo en Dios mi Salvador.

En el Magnificat se contiene la razón profunda de toda humildad. María considera que Dios ha puesto sus ojos en la bajeza de su esclava; por eso en Ella ha hecho cosas grandes el Todopoderoso.

Meditacion

La Semilla de las virtudes

Oh Dios ama con predileccion a los humildes, a los pequeños que viven a sus pies bajo la celestial influencia de Su Corazon. La vida de oracion no excluye el celo por la salvacion de las almas. El alma interior sabe trabajar sin dejar de orar y sin que la oracion sea obstaculo para obrar en la vida diaria, asi como Jesus se hace sentir sin que nuestros ojos lo vean. El pecador que ora siente la dulzura de Su corazon, se establece entre Jesus y el alma una corriente que nadie ve, un dialogo que nadie oye.”

La Virgen Maria por Su fe y obediencia a la Voluntad de Dios y por su constante meditacion de La Palabra Divina y de las acciones de Jesus, es la discipula mas perfecta del Señor, y por eso acudimos como Medianera de todas las gracias a María, Madre de misericordia y de ternura, a la que nadie ha recurrido en vano; “abandónate lleno de confianza en su seno materno, pídele que te alcance esta virtud que Ella tanto apreció; no tengas miedo de no ser atendido. María le pedirá para ti a ese Dios que ensalza a los humildes y reduce a la nada a los soberbios, y como María es omnipotente cerca de su Hijo, será con toda seguridad oída”

“Su humildad -dirá San Juis M. Grignion de Montfort- fue tan profunda que no tuvo en esta tierra otro deseo más fuerte y más continuo que el de esconderse a sí misma y a todos, para ser conocida únicamente por Dios”.

Para seguir reflexionando: María, la Virgen humilde y obediente

Oremos

Madre, quiero ser pobre, abandonarme
en las manos del Padre totalmente
darle todo mi ser, mi vida mis proyectos y mis sueños.

Madre, quiero seguir tus pasos
decir junto a vos “Aquí estoy Señor contigo, para hacer tu voluntad”
Ayudame a entregarme (aunque mi entrega me conduzca a la cruz)
y a vivir la pobreza como protesta ante la injusticia
y como solidaria entrega decidida a Cristo en los demás.

Madre de los pobres.
Mostranos
el camino del Reino,
fortalecé nuestras opciones ,
acrecentá nuestra esperanza,
sostené nuestras comunidades en marcha
para que nuestras vidas
sean testimonio transparente
de nuestra fe en el Dios de la Vida.

Fuente Buenas Nuevas.com

ORACION PARA ADQUIRIR EL SANTO BALANCE

Señor concédeme:
-La serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar
-El valor para cambiar aquellas de puedo
-Y la sabiduría para conocer la diferencia.

Oh Espíritu Santo, amor del Padre y del Hijo, inspírame siempre:
– lo que debo pensar,
– lo que debo decir,
– como debo decirlo,
– lo que debo callar,
– lo que debo escribir,
– como debo de obrar,
Para procurar vuestra Gloria, el bien de las almas y mi propia santificación.
Espíritu Santo ilumina mi entendimiento y fortifica mi voluntad.

Señor dame el balance divino en mi vida. Gloria a ti Señor.

Medita en silencio lo lido y junto a nosotros unete en la oracion junto a la hermana Glenda en este bello video. Alegrate Maria


 

 

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Maria acompañanos hoy a nosotros en nuestra vida, como ayer aompañastes a Tu Hijo Jesus..

abril 14, 2010
Gracias Madre Mia!

Rezemos el Santo Rosario a Maria

Salve Regina

Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia llena, pura y fragante azucena consuelo del corazon.

Vida dulzura y esperanza , del que teniendo el castigo tan solo cuanta contigo para obtener su perdon.

Las 5 piedritas: La oración con el corazón, el ayuno, la confesión, la Eucaristía, la lectura de la Biblia, son los puntos que María nos da para recorrer un camino de santidad, de paz, de transformación interior totalmente asegurado, un camino sencillo, accesible a todos”.

Maria, nuestra Madre nos invita a la conversion total

Convertirse es reconciliarse con Dios, apartarse del mal, para establecer la amistad con El Creador. Supone e incluye el arrepentimiento, y la confesion de todos y cada uno de nuestros pecados. Una vez en gracia, hemos de proponernos cambiar desde dentro con nuestras actitudes, todo aquello que no agrada a Dios. De cara a Dios, el esperitu de penitencia implica que rompamos las ataduras del pecado, que sea sincera la conversion interior, para que el alma se transforme según la vida divina. Jesus no quiere los alardes externos, al contrario: Cuando ayunes perfuma tu cabeza y lava tu cara, para no parecer a los hombres que ayunas, sino solamente a Tu Padre, que está en lo escondido; y Tu Padre que ve en lo escondido te premiará” Mateo 6,16

Comenta San Agustin, debajo de un exterior humilde puede haber mucha jactancia; y esto es mas peligroso, pues ocultandose en un manto de piedad, engaña con la apariencia de servir a Dios”.

Madre queremos convertirnos de verdad, por eso invocamos a Dios nuestro Padre celestial para que se introduzca en nuestras vidas, para librarnos de todo mal y llenarnos de bien.

Sabemos que si nuestro proposito de mejora es sincero no nos faltara tu Ayuda, Madre Santa Maria.

Oremos:

Oh, Corazón Inmaculado de María, desbordante de bondad, muestra tu amor por nosotros. Que la llama de tu corazón, oh María, descienda sobre todos los pueblos. Te amamos inmensamente. Imprime en nuestros corazones un verdadero amor. Que nuestro corazón suspire por ti. Oh María, dulce y humilde de corazón, acuérdate de nosotros cuando caemos en el pecado. Tú sabes que nosotros, los hombres, somos pecadores. Con tu santísimo y maternal corazón, sananos de toda enfermedad espiritual. Haznos capaces de contemplar la bondad de tu maternal corazón, para que así nos convirtamos a la llama de tu corazón. Amén.

Proposito

Por lo menos tratare de ir una vez mas a misa durante la semana, para repara los pecados  pidiendo especialmente por los jovenes, para que Maria los preserve del ateísmo, signo de cansancio y vejez.

Aqui encontraras como rezar el Rosario puedes escucharlo y rezar mientras estas trabajando, recuerda pedir por los pecadores del mundo entero. Sigue el enlace y Que Maria te guie!

Rosario a Maria Misterios Gloriosos


Ayúdanos,Madre, para que nuestro corazón se eleve hacia Vos, como el de un niño. Haz, Madre Nuestra, que nuestro corazón esté radiante de paz, Amén.

enero 29, 2010

Soy todo tuyo María

Virgen María, Madre mía, me consagro a ti

y confío en tus manos toda mi existencia.

Acepta mi pasado con todo lo que fue.

Acepta mi presente con todo lo que es.

Acepta mi futuro con todo lo que será.

Con esta total consagración te confío cuanto tengo y cuanto soy, todo lo que he recibido de Dios.

Te confío mi inteligencia, mi voluntad, mi corazón.

Deposito en tus manos mi libertad, mis ansias y mis temores,

mis esperanzas y mis deseos, mis tristezas y mis alegrías.

Custodia mi vida y todos mis actos para que le sea más fiel al Señor y con tu ayuda alcance la salvación.

Te confío ¡Oh María! mi cuerpo y mis sentidos

para que se conserven puros y me ayuden en el ejercicio de las virtudes.

Te confío mi alma

para que tú la preserves del mal.

Hazme partícipe de una santidad igual a la tuya;

hazme conforme a Cristo, ideal de mi vida.

Te confío mi entusiasmo y el ardor de mi juventud,

para que tú me ayudes a no envejecer en la fe.

Te confío mi capacidad y deseos de amar;

enséñame y ayúdame a amar como tú has amado

y como Jesús quiere que se ame.

Te confío mis incertidumbres y angustias

para que en tu corazón yo encuentre seguridad,

sostén y luz en cada instante de mi vida.

Con esta consagración me comprometo a imitar tu vida.

Acepto las renuncias y sacrificios que esta elección comporta

y te prometo, con la gracia de Dios y con tu ayuda,

ser fiel al compromiso asumido.

¡Oh María!, soberana de mi vida y de mi conducta,

dispón de mí y de todo lo que me pertenece,

para que camine siempre junto al Señor bajo tu mirada de Madre.

¡Oh María! Soy todo tuyo

y todo lo que poseo te pertenece ahora y siempre. ¡Amén!

Virgen Maria

Somos tus Hijos, Madre!

La oración y la mortificación deben acompañar a todo apostolado. Solo la gracia puede mover a la voluntad a asentir a las verdades de la fe. Con la ayuda del Señor superamos los obstáculos.

La vida de fe de un cristiano corriente lleva, en muchas ocasiones, a un flujo continuo de adquisición y transmisión de la fe: Os entrego lo que recibí, decía San Pablo a los cristianos de Corinto. La fe de la Iglesia es fe viva, porque es continuamente recibida y entregada. De Cristo a los Apóstoles, de estos a sus sucesores. Así, hasta hoy: resuena siempre idéntica a sí misma en el Magisterio vivo de la Iglesia. La doctrina de la fe es “recibida y entregada” por la madre de familia, por el estudiante, por el empresario, por la empleada de comercio… ¡Qué buenos altavoces tendría el Señor si nos decidiéramos todos los cristianos –cada uno en su sitio– a proclamar su doctrina salvadora, como hicieron nuestros hermanos en la fe! Id y enseñad…, nos dice a todos el mismo Cristo. Se trata de la difusión espontánea de la doctrina, de modo a veces informal,  que realizaron los primeros cristianos: de familia a familia; entre compañeros del mismo trabajo, entre vecinos, entre los padres de un colegio; en los barrios, en los mercados, en las calles. El trabajo, la calle, el colegio profesional, la Universidad, la vida civil… se convierten entonces en el cauce de una catequesis discreta y amable, que penetra hasta lo más hondo de las costumbres de la sociedad y de la vida de los hombres. “Créeme, el apostolado, la catequesis, de ordinario, ha de ser capilar: uno a uno. Cada creyente con su compañero inmediato.

“A los hijos de Dios nos importan todas las almas, porque nos importa cada alma”. ¡Cómo conmoverán el corazón de Dios esas madres, sin tiempo muchas veces, que pacientemente explican las verdades del Catecismo a sus hijos… y quizá a los hijos de sus vecinas y amigas! ¡O el estudiante que se traslada al barrio, quizá lejano, para explicar las mismas verdades…, aunque tenga que esforzarse para preparar el examen que tiene a los pocos días y en el que ha de sacar buena calificación!

Ahora, cuando en tantos lugares y con tantos medios se ataca la doctrina de la Iglesia, es necesario que los cristianos nos decidamos a poner todos los medios para adquirir un conocimiento hondo de la doctrina de Jesucristo y de las implicaciones de estas enseñanzas en la vida de los hombres y en la sociedad. Amar a Dios con obras significará en muchos casos dedicar el tiempo oportuno a esa formación: estudio, esmero en la lectura espiritual, estar atentos en las charlas de formación que oímos… Aprovechar también esos días de descanso, en los que se puede disponer de más tiempo. Amar a Dios con obras será apreciar esas verdades, que tienen su origen en el mismo Cristo, como un tesoro que hemos de amar y meditar con frecuencia. Nadie da lo que no tiene: y para dar doctrina hay primero que tenerla.

Hemos de empezar por pedirle al Señor que nos aumente la fe:, haz que yo crea más y más en Ti, suplicamos en el himno eucarístico de Santo Tomás de Aquino. De este modo podremos decir, también con palabras de este himno: “creo todo lo que me ha dicho el Hijo de Dios; nada es más verdadero que esta Palabra de verdad”. Con una fe robustecida, nos dispondremos a ser instrumentos en manos del Señor, que concede la luz a las mentes oscurecidas por la ignorancia y el error. Solo la gracia de Dios puede mover la voluntad para asentir a las verdades de la fe.

Por eso, cuando queremos atraer a alguno a la verdad cristiana, debemos acompañar ese apostolado con una oración humilde y constante; y, junto a la oración, la penitencia: una mortificación, quizá en detalles pequeños referentes al trabajo, a la vida familiar…, pero sobrenatural y concreta.

Ante las barreras que algunas veces encontraremos en ambientes difíciles, y ante obstáculos que puedan parecer insuperables, nos llenará de optimismo recordar que la gracia del Señor puede remover los corazones más duros, que es mayor la ayuda sobrenatural cuanto mayores sean las dificultades que encontremos.

Señor, ¡enséñanos a darte a conocer! También hoy las muchedumbres andan perdidas y necesitadas de Ti, ignorantes y tantas veces sin luz y sin camino. Santa María, ¡ayúdanos a no desaprovechar ninguna ocasión en la que podamos dar a conocer a tu Hijo Jesucristo!, ¡guíanos para que sepamos ilusionar a otros muchos en esta noble tarea de difundir la Verdad!

Oremos:

Ven Espíritu Santo, mora en mí

*      Espíritu Santo ilumínanos y santifícanos

*      María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a vos

*      María, Madre de Gracia y Madre de Misericordia en la vida y en la muerte ampáranos gran Señora

*      Virgen Santísima no permitáis que vivamos ni muramos en pecado mortal

*      Por las ánimas benditas del purgatorio, te suplicamos Señor que les des el descanso eterno
por tu Bendita  Pasión

*      Santos Ángeles de la Guarda velad sobre nosotros

Ave Maria Purisima Sin Pecado Concebida.

Dios Te Salve Maria llena eres de gracia El Señor es contigo, Bendita eres entre todas las mujeres y Bendito es el Fruto de Tu Vientre Jesús.

Santa Maria Madre de Dios, Ruega por nosotros pecadores, Ahora y en la Hora de Nuestra muerte, Amén.

Adoración Eucarística comunitaria guiada

Rezo del Santo Rosario meditado y con cantos, a cargo del Grupo Magnificat, en San Carlos - Basílica de María Auxiliadora - Hipólito Yrigoyen y Quintino Bocayuva - Buenos Aires, de 17 a 19 hs.

La Sma. Virgen pide a Mirjana la oración por los no creyentes o – como los llama la Virgen- los que no conocen el amor de Dios:
“Son mis hijos. Sufro por ellos. No saben lo que les espera. Deben orar más por ellos… Éste es tiempo de gracia y conversión. Es necesario aprovecharlo bien” (25/10/85).

“Ángel mío, ruega por los no creyentes… Éste es, ¡ahora!, el tiempo de la conversión. Oren por ellos” (15/8/85).

“¡Oren y oren!. Son muchas las personas que abandonaron a Jesucristo,… Esto me hace mucho mal. ¡Si pudiesen convertirse! ¡Cuán numerosos son los incrédulos!”
Junto a la Reina de la Paz oramos los días 2 de cada mes por su intenciones.

Bendito y Alabado Sea El Santisimo Sacramento del Altar, Sea Por Siempre Bendito y Alabado.

Gloria al Padre, al Hijo y Al Espiritu Santo como era en un principio ahora y siempre por los siglos de los siglos Amén.



la Virgen, que conoce bien el corazón de su Hijo, actúa como si hubiera accedido a su petición inmediatamente: haced lo que Él os diga, dice a los sirvientes. María es la Madre atentísima a todas nuestras necesidades,El milagro tendrá lugar porque la Virgen ha intercedido; solo por esa petición.

enero 17, 2010
María pide a Jesús que intervenga en favor de todos los esposos,

La exhortación de María: «Haced lo que él os diga»,

En aquel tiempo hubo una boda en Caná de Galilea, a la cual asistió la madre de Jesús; Jesús y sus discípulos también fueron invitados. Se les acabó el vino, y entonces la madre de Jesús le dijo:
“No les queda vino”.
Jesús le contestó:
“Mujer, no intervengas en mi vida; todavía no ha llegado mi hora”.
La madre de Jesús dijo entonces a los que servían:
“Hagan lo que él les diga”.
Había allí seis tinajas de piedra, de unos cien litros cada una, que utilizaban los judíos para sus ritos de purificación. Jesús dijo a los que servían:
“Llenen las tinajas de agua”.
Y las llenaron hasta el borde.
Entonces les mandó:
“Saquen ahora un poco y llévenselo al mayordomo”.
Así lo hicieron.
Cuando el mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber su procedencia (sólo los sirvientes lo sabían), llamó al novio y le dijo:
“Todo el mundo sirve primero el vino de mejor calidad, y cuando los invitados ya han bebido
bastante, sirven el más corriente; tú, en cambio, has guardado el de mejor calidad hasta ahora”.
Esto sucedió en Caná de Galilea;
fue el primer signo realizado por Jesús. Así mostró su gloria y sus discípulos creyeron en él.
Después, Jesús bajó a Cafarnaún, acompañado de su madre, sus hermanos y sus discípulos, y se quedaron allí unos cuantos días.

Palabra de Dios. Evangelio según san Juan 2, 1-12

María está con Jesús en la fiesta de la boda, se fija en todo y en un momento determinado dice a su Hijo: “no tienen vino”(Jn). Es una petición de doble intención, pues, de una parte, le pide ayuda en una pequeña dificultad doméstica; de otra le plantea que se manifieste como Mesías con un milagro.

La importancia de María, la madre de Jesús, en este encuentro es muy grande. Los discípulos dejan todo para seguir a Jesús. Pero saben poco de Él. Es lógico que les agradase conocer a la Madre de Jesús, aunque desconozcan las maravillas que Dios ha hecho en ella. La ven amable y muy compenetrada con su Hijo. Todos van a Caná a unas bodas. Jesús les está enseñando que no rechaza el matrimonio como malo, ni siquiera como algo permitido, pero negativo, sino que se alegra con los novios, como lo hacen todos. Es más, Cristo bendecirá la unión matrimonial con bendiciones del cielo para que pueda cumplir su función original de ser comunión de amor y de vida. Allí Jesús “manifestó su gloria” y “los discípulos creyeron en Él”. La intervención de María en estas dos realidades es decisiva.

La Iglesia llama a la Santísima Virgen, Madre de la Misericordia. Los Santos Padres afirman que Jesús dejó a Maria el reinado de su misericordia. La misericordia de María resplandece en las bodas de Caná. ¡ Qué verdad más consoladora para ti, joven!…
Eres pobre, débil, pecador. Muchas veces te verás oprimido, como David, por la multitud de tus pecados. No te atreverás a presentarte delante, de Dios por temor a su Justicia.. Maria será entonces tu refugio y tu sostén.
Esta escena se puede repetir en tu vida espiritual. El Señor ha concedido a Maria un corazón maternal. Un corazón lleno de misericordia para contigo. Cuando tus pecados te abrumen, acude a Maria. Cuando tus infidelidades te conturben, acude a Maria. En Su regazo encontrarás siempre asilo y protección. En María encontrarás siempre perdón y misericordia. ¡ Qué verdad más consoladora para ti, joven!
Fomenta, pues, en tu corazón el amor a Maria. La confianza en Maria. Por muchos y graves que sean tus pecados, no te acongojes. Es mayor la misericordia de María. Cuanto mayor sea tu miseria, tanto más resplandecerá su poder. Acostúmbrate a acudir a la Virgen en todas tus necesidades; en todos tus peligros; en todas las luchas de tu alma. Acude a ella con amor; con absoluta confianza. Maria nunca te desamparará.


Hermanos: Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo; hay diversidad de servicios, pero el Señor es el mismo; hay diversidad de actitudes, pero uno mismo es el Dios que activa todas las cosas en todos. A cada cual se le concede la manifestación del Espíritu para el bien de todos.
Porque a uno Dios, a través del Espíritu, le concede hablar con sabiduría, mientras que a otro, gracias al mismo Espíritu, le da un profundo conocimiento. Por el mismo espíritu Dios le concede a uno el don de la fe, a otro el carisma de curar enfermedades, a otro el poder de realizar milagros, a otro el hablar de parte de Dios, a otro el distinguir entre espíritus falsos y verdaderos, a otro el hablar un lenguaje misterioso y a otro, en fin, el don de interpretar ese lenguaje. Todo esto lo hace el mismo y único Espíritu, que reparte a cada uno sus dones como él quiere.

Palabra de Dios. primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 4-11

Ayer Cristo se humilló en el Jordán realizando un verdadero gesto de penitencia, y hoy en Caná deja ver su gloria, en un hermoso juego de luz que se vela y desvela, y sabe compartir y colaborar a la alegría humana en un banquete de bodas.

Con el bautismo en el Jordán, Jesús comienza su vida pública. En Caná, Jesús comienza sus milagros y sus signos eficaces para la salvación de todos los hombres. Los mismos discípulos comenzaron a creer en Jesús desde ese día.

María, enséñanos a querer lo que Jesús quiere, a desear lo que Jesús desea, y a hacer en todo, la voluntad de tu Hijo Jesucristo, según tu recomendación: “Hagan lo que él os diga”.

Reflexión del Evangelio

La exhortación de María: «Haced lo que él os diga», conserva un valor siempre actual para los cristianos de todos los tiempos, y está destinada a renovar su efecto maravilloso en la vida de cada uno. Invita a una confianza sin vacilaciones, sobre todo cuando no se entienden el sentido y la utilidad de lo que Cristo pide.

Las palabras de María: «No tienen vino», nos invitan a meditar en la sensibilidad que deberíamos tener hacia las necesidades y carencias de los demás para contribuir por nuestra parte a llenarlas y presentárselas a Jesús.

Las otras palabras de la Virgen: «Haced lo que él os diga», nos inducen a la total confianza en Cristo como medio y camino necesarios para que Él obre en nosotros incluso lo extraordinario.

Las palabras de Jesús: «Llenad las tinajas de agua», nos indican que de ordinario Dios requiere nuestra colaboración, que hagamos lo que está de nuestra parte, aun cuando Él podría hacerlo todo sin necesitar de nosotros.

La contemplación de la gloria de Jesús, manifestada en este misterio, debe llevarnos a creer y confiar en Él, tanto más cuando contamos con la intercesión de su Madre. Juan Pablo II

Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.

María es mi Madre!

Me arrojo en sus brazos y Ella me estrecha contra su corazón. La escucho y su palabra me instruye.

María es mi Madre!
Bajo su manto me amparo, con sus frutos me alimento, con el Pan Eucarístico que me proporciona.
Ella es mi Madre!

Me arrojo en sus brazos y Ella me estrecha contra su corazón.
La escucho y su palabra me instruye.
La miro y su belleza me alumbra.
Ella es mi Madre!

Si estoy débil me sostiene,
la invoco y su bondad me atiende.

Ella es mi Madre!
Si enfermo me sana, si muerto por el pecado me da la vida de la gracia.
Ella es mi Madre!

En la lucha me socorre, en la tentación me auxilia, en la angustia me consuela, en el trabajo me sostiene, en la agonía me acompaña.
Ella es mi Madre!

Cuando voy a Jesús, me conduce, cuando llego a sus pies, me presenta.
Cuando le pido favores, me protege.
Ella es mi Madre!

Si soy constante en mi súplica, me escucha. Si la visito me atiende.
En la vida me guía al cielo y en la muerte recibiré de sus manos la eterna corona.

Ella es mi Madre!
Que buena es María, que dulce y hermosa es!
Ella es mi Madre!

Nuestra Señora del Santísimo Sacramento.

Ruega por nosotros !

Fuente; El camino de Maria




Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos.

enero 14, 2010

El corazón del hombre está hecho para amar a Dios. Y el Señor desea y busca el encuentro personal con cada uno. Nuestra Madre La Santisima Virgen Maria nos visita para ayudarnos, nos enseña lo que mas agrada a Nuestro Padre que está en el Cielo; La Oracion plena el sacrificio nuestro de cada día.

No desaprovechar las ocasiones de apostolado. Mantener firme la esperanza apostólica.

— Oración y apostolado.

El Señor nos quiere como instrumentos suyos para hacer presente su obra redentora en medio de las tareas seculares, en la vida corriente. Pero, ¿cómo podríamos ser buenos instrumentos de Dios sin cuidar con esmero la vida de piedad, sin un trato verdaderamente personal con Cristo en la oración? ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?, ¿no caerán los dos en el precipicio?. El apostolado es fruto del amor a Cristo. Él es la Luz con la que iluminamos, la Verdad que debemos enseñar, la Vida que comunicamos. Y esto solo será posible si somos hombres y mujeres unidos a Dios por la oración. Conmueve contemplar cómo el Señor, entre tanta actividad apostólica, se levanta muy de madrugada, cuando aún era oscuro, para dialogar con su Padre Dios y confiarle la nueva jornada que comienza, llena también de atención a las almas.

Nosotros debemos imitarle: es en la oración, en el trato con Jesús, donde aprendemos a comprender, a mantener la alegría, a atender y apreciar a las personas que el Señor pone en nuestra senda. Sin oración, el cristiano sería como una planta sin raíces: acaba seca, sin posibilidad de dar frutos, en poco tiempo. En nuestro día podemos y debemos dirigirnos al Señor muchas veces. Él no está lejos: está cerca, a nuestro lado, y nos oye siempre, pero particularmente en los ratos –como ahora– que dedicamos expresamente a hablar, sin anonimatos, de tú a tú, con Dios. En la medida en que nos abrimos a los requerimientos divinos, la jornada será divinamente eficaz y tendremos más facilidad para no interrumpir el diálogo con Jesús. En verdad, nuestra vida de apóstoles vale lo que valga nuestra oración.Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, Rialp,

La oración siempre da sus frutos, es capaz de sostener toda una vida. De ella sacaremos la fortaleza para afrontar las dificultades con el garbo de los hijos de Dios. Y para la perseverancia –la constancia en el trato con nuestros amigos– que requiere todo apostolado. Por eso nuestra amistad con Cristo ha de ser día a día más honda y sincera. Para esto debemos empeñarnos seriamente en evitar todo pecado deliberado, guardar el corazón para Dios, procurar rechazar los pensamientos inútiles, que frecuentemente dan lugar a faltas y pecados, rectificar muchas veces la intención, dirigiendo al Señor nuestro ser y nuestras obras… Hemos de luchar contra el desaliento –si llegara alguna vez– que puede producirse al pensar que no mejoramos en la oración personal, pues entonces es fácil que el demonio insinúe la tentación de abandonarla. No debemos dejarla jamás, aunque estemos cansados y no podamos centrar del todo la atención, aunque no tengamos ningún afecto, aunque –sin desearlo– lleguen muchas distracciones.

La oración es el soporte de nuestra vida y la condición de todo apostolado.

Acudimos, al terminar este rato de oración, a la intercesión poderosa de San José, maestro de la vida interior. A él, que durante tantos años vivió junto a Jesús, le pedimos que nos enseñe a amarle y a dirigirnos a Él con confianza todos los días de nuestra vida; también aquellos que parecen más apretados de trabajos y en los que nos sentimos con más dificultades para dedicarle ese rato de oración que acostumbramos.

Nuestra Madre Santa María intercederá, junto al Santo Patriarca, por nosotros.

Consagración Mariana

¡Madre del alma, celestial María! Con toda la ternura y el amor y el deseo de mi corazón te elijo desde hoy como Reina, Señora y Madre de esta casa

Al invocar “Santa María, Madre de Dios”, los cristianos suplican a aquella que por singular privilegio es inmaculada Madre del Señor:  “Ruega por nosotros pecadores”, y se encomiendan a ella ahora y en la hora suprema de la muerte.

La Virgen, habiendo recibido de Cristo la salvación y la gracia, está llamada a desempeñar un papel relevante en la redención de la humanidad. Con la devoción mariana los cristianos reconocen el valor de la presencia de María en el camino hacia la salvación, acudiendo a ella para obtener todo tipo de gracias. Sobre todo, saben que pueden contar con su maternal intercesión para recibir del Señor cuanto necesitan para el desarrollo de la vida divina y a fin de alcanzar la salvación eterna.

Como atestiguan los numerosos títulos atribuidos a la Virgen y las peregrinaciones ininterrumpidas a los santuarios marianos, la confianza de los fieles en la Madre de Jesús los impulsa a invocarla en sus necesidades diarias.
Están seguros de que su corazón materno no puede permanecer insensible ante las miserias materiales y espirituales de sus hijos.Juan Pablo II

SUPLICAS A LA S ANTÍSIMA VIRGEN


Dame tus ojos, Madre, para saber mirar;
si miro con tus ojos jamás podré pecar.

Dame tus labios, Madre para poder rezar;
si rezo con tus labios Jesús me escuchará.

Dame tu lengua, Madre, para ir a comulgar;
es tu lengua, patena de gracia y santidad.

Dame tus brazos, Madre, que quiero trabajar; entonces mi trabajo valdrá una eternidad.

Dame tu manto, Madre, que cubra mi pobreza; cubierto con tu manto al cielo he de llegar.

Dame tu cielo, Oh Madre, para poder gozar;
si tu me das Cielo, ¿que mas puedo anhelar?.

Dame Jesús, Oh Madre, para poder amar:
esta será mi dicha por una eternidad.

Consagracion para la Familia a Nuestra Madre La Santísima Virgen Maria


Sea por siempre y en todas partes conocido, alabado, bendecido, amado, servido y glorificado el divinísimo Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María. Así sea.

enero 11, 2010

Madre de Dios y Madre nuestra; Corazón amabilísimo

Corazón lleno de bondad y que tanto os compadecéis de nuestras miserias,

Estabas, Madre, al pie de la cruz, junto a Tu Hijo crucificado, Sin poder besar su frente, Sin poder tomar sus manos. Viendo como Tu Jesús moría, Y sólo con tu mirada pudiste darle caricia. El, mirándote desde la cruz, te confió para siempre  su Iglesia. Para que ella ruegue a Tí y Tu intercedas por ella.

MARÍA AL PIE DE LA CRUZ ( Juan 19: 25-30)

Oremos al Señor pidiendo que con María aprendamos a caminar unidos en el amor, para que aceptemos con obediencia la voluntad de Dios.

Madre de Jesús y Madre Nuestra que sepamos vivir nuestra cruz, para contigo alcanzar la Gloria junto a Jesús.

..Si yo supiera No desentenderme de las cruces ajenas, Unir mi cruz a la de Jesús, como propia donacion.

Tener presente que la cruz purifica y redime, saber llevarla con paciencia, aunque parezca insoportable y sin fin.

Vivir la cruz, sin perder la alegría de la esperanza en la Gloria… Mis cruces serian instrumentos de Vida, así como tu coparticipacion de la Cruz de Jesús, te hizo Madre Universal.

Siempre recordemos que En el Arbol de cada cruz, se esconden renuevos de Gloria.

Alabemos desde aquí a la Virgen María rezando el Santo Rosario y diciendo despues de cada misterio:

Porque Dios pensó en Tí antes de que el mundo existiera, Salve, llena de gracia.

Por Tu Concepcion Inmaculada, Salve, Llena de Gracia.

Porqur de Ti, quiso nacer El Salvador, Salve, Llena de Gracia.

Porque Dios te adornó con todas las virtudes por ser La Madre de Su Hijo, Salve, Llena de Gracia.

Porque El Señor se prendó de Tu Humildad, Salve, Llena de Gracia.

Sacrificio o Propósito:

Pensemos en lo que vamos a ofrecer a la Virgen para aumentar la Gracia en nuestra alma y parecernos mas a Ella.

Misterios Dolorosos del Santo Rosario


Que Jesús no nos deba decir nunca “hombres de poca fe”, sino que nos mire orgulloso y nos diga en el corazón “Mi Voluntad bendice tu fe, tu fe es la llave que abre las puertas de Mi Sagrado Corazón”. Que así sea.

noviembre 21, 2009

La fe es el gesto que Dios espera, antes de obrar, antes de intervenir. Jesús nos quiere revestidos de fe, porque esto literalmente derrite a Su Voluntad, haciendo que Su Amor se derrame sobre el mundo utilizándonos a nosotros como canal, como hilo conductor. Por eso es que Jesús dijo que si tuvieramos fe del tamaño de un grano de mostaza, podríamos obrar prodigios. Por supuesto que no seríamos nosotros los que obrariamos esos prodigios, sino el propio Dios, quien no podría resistir tan extraordinario gesto de nuestra parte.

Que Jesús no nos deba decir nunca “hombres de poca fe”, sino que nos mire orgulloso y nos diga en el corazón “Mi Voluntad bendice tu fe, tu fe es la llave que abre las puertas de Mi Sagrado Corazón”. Que así sea.

 

Jesús, elevado en la Cruz, nos regaló una Madre para toda la eternidad. Juan, el Discípulo amado, nos representó a todos nosotros en ese momento y luego se llevó a María con él, para cuidarla por los años que restaron hasta su Asunción al Cielo.

María se transformó así no sólo en tu Madre, sino también en la Madre de nuestra propia madre terrenal, de nuestro padre, hijos, de nuestros hermanos, amigos, enemigos, ¡de todos!.

Una Madre perfecta, colocada por Dios en un sitial muchísimo más alto que el de cualquier otro fruto de la Creación. María es la mayor joya colocada en el alhajero de la Santísima Trinidad, la esperanza puesta en nosotros como punto máximo de la Creación. La criatura perfecta que se eleva sobre todas nuestras debilidades y tendencias mundanas ¡Por eso es nuestra Madre!

La Reina del Cielo es también el punto de unión entre la Divinidad de Dios y nuestra herencia de realeza. Nuestro legado proviene del primer paraíso, cuando como hijos auténticos del Rey Creador poseíamos pleno derecho a reinar sobre el fruto de la creación, la cual nos obedecía. Perdido ese derecho por la culpa original, obtuvimos como Embajadora a una criatura como nosotros, elevada al sitial de ser la Madre del propio Hijo de Dios.

¡Y Dios la hace Reina del Cielo, y de la tierra también! Allí se esconde el misterio de María como la nueva Arca que nos llevará nuevamente al Palacio, a adorar el Trono del Dios Trino. María es el punto de unión entre Dios y nosotros. Por eso Ella es Embajadora, Abogada, Intercesora, Mediadora. ¿Quién mejor que Ella para comprendernos y pedir por nuestras almas a Su Hijo, el Justo Juez? María es la prueba del infinito amor de Dios por nosotros: Dios la coloca a Ella para defendernos, sabiendo que de este modo tendremos muchas más oportunidades de salvarnos, contando con la Abogada más amorosa y misericordiosa que pueda jamás haber existido. ¿Somos realmente conscientes del regalo que nos hace Dios al darnos una Madre como Ella, que además es nuestra defensora ante Su Trono?

Si tuvieras que elegir a alguien para que te defienda en una causa difícil, una causa en la que te va la vida, ¿a quien elegirías?

Dios ya ha hecho la elección por ti, y vaya si ha elegido bien: tu propia Madre es Reina y Abogada, Mediadora e Intercesora.

¿Qué le pedirías a Ella, entonces?

Reina del Cielo, sé mi guía, sé mi senda de llegada al Reino. Toca con tu suave mirada mi duro corazón, llena de esperanza mis días de oscuridad y permite que vea en ti el reflejo del fruto de tu vientre, Jesús. No dejes que Tus ojos se aparten de mi, y haz que los míos te busquen siempre a ti, ahora y en la hora de mi muerte.

 

Resulta extraordinario advertir en las Sagradas Escrituras como Jesús no realizaba milagros si es que de algún modo alguien no lo pedía abiertamente, con fe. Este aspecto particular del modo en que nuestro Señor actuó cuando estuvo entre nosotros no debe escapar a nuestra atención, a nuestra meditación, porque El nada hizo sin un profundo propósito, sin una finalidad concreta dentro de Su Plan de Salvación. Y mucho menos en este caso, en que fue tan consistente su actuar frente a las necesidades de hombres y mujeres de la Palestina de aquellos tiempos.

Podemos pensar en aquellos leprosos que le gritaron pidiendo la curación, o en el ciego que exclamada “piedad Hijo de David”, o en el Centurión que le dijo “no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra Tuya bastará para sanarlo”. En algunos casos eran las madres que pedían por sus hijos con gran fe. En otros eran gestos sin palabras, pero plenos de una manifestación profunda de fe, como la mujer hemorroísa que le tocó el manto sin siquiera decírselo, segura de que de ese modo sería curada. Otros abrían huecos en el techo y descolgaban a sus enfermos en camillas para lograr de ese modo colocarlos a Su lado.

En mi corazón, sin embargo, se han anidado las imágenes en que María, la Virgen Madre del Señor, fue la que empujó con su fe a la manifestación del milagro. En las bodas de Caná fue Ella la que le pidió que resuelva la falta de vino. Jesús pareció apelar el pedido de Su Mamá, para finalmente convertir el agua en vino. Sin embargo, fue en la anunciación donde este particular especto del actuar de Dios se manifestó de la manera más gloriosa y quedó retratado en la retina de los ojos de los siglos, para no borrarse nunca más.

Dios había decidido hacerse Hombre, y vivir una vida como la nuestra, pero sin mancha, una vida perfecta en Santidad. Y había elegido el lugar y el momento, y a la mujer que habría de ser Su Tabernáculo durante nueve escondidos meses, antes de salir a la luz del mundo a dar inicio a la era de la Salvación. También había Dios elegido el modo en que realizaría todo esto, a través de Su Santo Espíritu que sería Esposo de la Mujer elegida para tan extraordinaria obra. Sin embargo, no quiso El forzar decisión alguna, y dando muestras de la más excelsa caballerosidad y respeto por la voluntad de tan extraordinaria mujer, envió un embajador a preguntarle si es que Ella aceptaba y adhería a tan celestial propuesta.

Si, Dios quiso que sea la criatura la que diga si, acepto. Y la Virgen dio la más maravillosa respuesta que persona alguna jamás diera, o volverá a dar. Ella dijo que si, abriendo las puertas al milagro de la Encarnación. Ese sí nos enseña que Dios obra cuando obtiene nuestra adhesión, nuestra más firme y sincera fe, fe que es expresión del libre uso de nuestra voluntad con una finalidad santa.

De este modo comprendemos que Dios no obra en automático, no anda por el mundo haciendo milagros aquí y allá de acuerdo a las necesidades del hombre. El mira nuestros corazones y espera nuestro gesto de fe, nuestra adhesión a Su Voluntad. Muchas veces nos incomoda y sorprende este particular modo de obrar del Señor, porque eso nos coloca en situaciones incómodas, nos obliga a actuar de maneras que van en contra de las reglas del mundo. Cuanto más fácil sería que Dios viera en nuestros corazones y actuara como con un piloto automático. Claro que El puede hacerlo, pero no sería eso bueno para nuestras almas, no serían nuestros actos los pequeños escalones o peldaños que nos eleven más y más hasta alcanzar las alturas espirituales que nos lleven a conocerlo y amarlo.

Dios necesita de nosotros, no porque El no sea Omnipotente, sino porque Su Voluntad es nuestra salvación. De este modo, necesita que aceptemos Sus sutiles invitaciones e insinuaciones, que tomemos la iniciativa y hagamos explotar nuestra más sincera manifestación de fe. Que se ha acabado el vino, como dijo nuestra Madre en Caná. Que quiero recobrar mi vista Señor, que quiero que mi Hijo recobre su salud, mi Señor, que quiero la conversión de mi familia, mi amado Dios. Y si Dios quiere que seamos Sus instrumentos para dar testimonio de Su amor, de Su poder, ¿cómo podemos decirle que no? ¿Que si El podría obrar en automático y actuar sin nosotros? Por supuesto que podría, ¿pero qué bien enriquecería a nuestras almas entonces?

 




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