“¡Queridos hijos! Hoy les doy gracias por vivir y dar testimonio de mis mensajes con su vida. Hijitos, sean fuertes y oren para que la oración pueda darles fortaleza y alegría.

Maria queremos amarte, somos hijos tuyos

En un año puedes liberar 365 almas del purgatorio. En 10 años tendrás 3650 almas rezando incesantemente por ti y por la Iglesia. Una monja o un sacerdote podrá rezar por ti algún tiempo pero difícil que lo haga las 24 horas del día los 365 días del año. Imagina las bendiciones. Muchos Santos comentan la inmensa ayuda que recibieron de las almas que sacaron del purgatorio, no sólo en su propio crecimiento espiritual sino también en ayuda material.

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Ruega por nosotros, Madre Nuestra!

Meditacion y Novena a La Virgen Nuestra Señora Reina de La Paz de Medjugorje

Ejemplos de obras plenamente indulgenciantes (con indulgencia plenaria si se completan las condiciones habituales abajo detalladas):

  • Media hora de adoración al Santísimo,
  • Media hora de oración con la Biblia (lectio divina) o,
  • Rezar el Rosario en compañía, en voz alta y sin interrupción (5 misterios)

Al pecar es como si clavásemos un cuchillo en nuestro corazón (y dentro ensartamos también a Jesús y a María). Al confesarnos nos quitamos los cuchillos y alfileres que confesamos, uno por uno, pero la herida se va sanando/reparando con:

  • cumplir la penitencia de la confesión
  • el sufrimiento, no sólo las cruces de cada día sino también la mortificación buscada a propósito
  • las buenas obras: Misas, oraciones, obras de misericordia espirituales y corporales, todo lo ofrecido para gloria de Dios (el trabajo, el deporte, el descanso, el sueño, todo puede ser ofrecido y convirtiendo el barro en oro, el ciento por uno en oro por los méritos de Jesucristo)
  • Para lo que no terminamos de pagar en vida, por misericordia de Dios (sino no podríamos entrar a las bodas del Cordero sin el vestido impecable) lo podemos pagar después con los sufrimientos terribles del purgatorio (un fuego espiritual que realmente quema y supera todo suplicio imaginable en la tierra).

Una indulgencia plenaria borra todas nuestras deudas: ¡nos ahorra muchísimo sufrimiento que pagaremos tarde o temprano!

La indulgencia se puede ofrecer por un alma del purgatorio si es que se va a ganar otra para uno mismo antes de morir.

Rezar por las almas del purgatorio es una obra de misericordia fácil de hacer cada día. Las indulgencias parciales (como las de las oraciones al final del Catecismo, por ejemplo “Alma de Cristo”, “Miradme oh mi amado y buen Jesús” mirando un crucifijo) son como un balde de agua fresca. La plenaria, como sacarlas directamente de allí. Dicha alma, al salir del “horno”, rezará agradecidísima, por nuestras intenciones particulares y por la Iglesia, cara a Dios.

El poder de impetración de un alma bendita en la corte celestial es superior a tener todo un convento de monjas rezando por uno, porque no hay nada más unido a Dios que los que ya están en el Cielo y porque ellas rezarán las 24 horas del día, los 365 días del año no sólo hasta que nos muramos sino hasta el fin de los tiempos (más de 400 años!). No te canses de sacar almas. Sabemos por revelación privada que todas las indulgencias plenarias ofrecidas no alcanzarán: hay almas predestinadas a quedarse en el purgatorio hasta el fin de los tiempos.

DIA PRIMERO

Oración Inicial: Oh Madre mía, Madre de Bondad, de Amor y de Misericordia,
te amo inmensamente y me presento ante Ti.
Por tu bondad, amor y gracia, sálvame.

Yo deseo ser tuyo y te amo inmensamente: deseo que tú me protejas.

Desde lo más profundo de mi corazón, te ruego, Madre, concédeme tu bondad

para que por medio de ella alcance el Cielo.
Yo te ruego que me concedas la gracia de ser generoso contigo.
Me ofrezco completamente a ti, y deseo que estés conmigo

en cada uno de mis pasos, porque tú eres llena de gracia y deseo no olvidarlo nunca jamás.

Y si alguna vez perdiera la gracia, te ruego que me ayudes a recuperarla. Amén

Pasaje del Evangelio: “
Jesús dijo a sus discípulos: Lo que ha sucedido es aquello de que les hablaba yo cuando aún estaba con ustedes; que tenía que cumplirse todo lo que estaba escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.
Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras y les dijo: Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de valores a Dios y el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto.
Ahora yo les voy a enviar al que mi Padre les prometió. Permanezcan, pues, en la ciudad, hasta que reciban la fuerza de los alto.” (Lucas 24, 44 – 49)

Mensaje de Nuestra Señora Reina de la Paz: “¡Queridos hijos! Hoy les doy gracias por vivir y dar testimonio de mis mensajes con su vida. Hijitos, sean fuertes y oren para que la oración pueda darles fortaleza y alegría.

Sólo de este modo cada uno de ustedes será mío y Yo los guiaré por el camino de la salvación. Hijitos, oren y con su vida den testimonio de mi presencia aquí.

Que cada día sea para ustedes un gozoso testimonio del amor de Dios. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!” (Mensaje, Junio 25 de 1999)

Pasaje del Catecismo de la Iglesia Católica: “La oración es la elevación del alma a Dios o la petición a Dios de bienes convenientes” (San Juan Damasceno, f.o. 3, 24). ¿Desde dónde hablamos cuando oramos? ¿Desde la altura de nuestro orgullo y de nuestra propia voluntad, o desde lo más profundo (salmo 130,14) de un corazón humilde y contrito? El que se humilla es ensalzado (cf. Lucas 18,9-14).

La humildad es la base de la oración. “Nosotros no sabemos pedir como conviene” (Rm  8,26). La humildad es una disposición necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración; el hombre es un mendigo de Dios. (cf. San Agustín, ser. 56,6,9). (CCC: 2559)

REZAR ROSARIO (5 MISTERIOS)
Oración Conclusiva: Dios, Padre nuestro, te damos gracias por enviarnos a María y porque en este tiempo Ella nos llama, nos educa y nos guía. Con María la Reina de la Paz, te pedimos la fortaleza de tu Espíritu para poder dejar todo lo que nos impide acercarnos a ti, oh Padre.

También te pedimos que abras nuestros corazones para poder sentir el amor de María, danos la fortaleza para que nuestra vida llegue a ser una oración y que cada uno de nosotros seamos en todo momento testigos de tu amor.

Danos la gracia de buscarte a ti en la oración, y a través del Espíritu Santo seamos capaces de emprender el camino a la santidad junto con María.
Padre, en nombre de tu hijo Jesús, junto con María, te pedimos que nos libres de toda tristeza que provenga del pecado, y que llenes nuestros corazones con tu alegría. Danos una profunda humildad para que estemos dispuestos a aceptar y vivir tu voluntad; danos la fuerza de convertirnos en hombres de paz, de amor, de justicia, de misericordia, y así poder ser testigos de tu victoria en este mundo junto con María Reina de la Paz.
Danos la gracia de permanecer fieles a María y de recibir tu fortaleza, tu gozo, y tu amor, para que cada día te pertenezcamos más y de ese modo podamos ayudarte a cumplir los planes que tú le has confiado a María, a fin de que el mundo entero llegue a vivir en tu Paz y que todos nosotros entremos un día a tu paz y tu gozo infinito. Amén.

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