Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida.

“Ayudemos a Maria , con Una Mochila para sus hijitos”

Se generoso hijo mio ayudame, con mis hijitos!

Oremos con Maria quiere unirse a todas las personas que rezan por un mundo mejor y junto a Nuestra Madre regalarle una sonrisa a una familia necesitada.

“Ayudemos a Maria , con Una Mochila para sus hijitos”, ES UNA INICIATIVA de un grupo de vecinos para ayudar a traves de una donacion pequeña y que todos podamos contribuir a la educación de nuestros niños, los mas queridos por Nuestra Madre La Santisima Virgen Maria.

Recordemos las palabras del evangelio según san Juan 12, 44-50

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús afirmó solemnemente:
“El que cree en mí, no solamente cree en mí, sino también en el que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve también al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como la luz, para que todo el que crea en mí no siga en la oscuridad. No seré yo quien condene al que escuche mis palabras y no haga caso de ellas; porque yo no he venido para condenar al mundo, sino para salvarlo.
Para aquel que me rechaza y no acepta mis palabras hay un juez: las palabras que yo he pronunciado serán las que lo condenen en el último día. Porque yo no he hablado en virtud de mi propia autoridad; el Padre que me envió es el que me ordena lo que debo decir y enseñar. Y sé que su enseñanza lleva a la vida eterna. Así pues, lo que yo digo, es lo que me ha dicho el Padre”.
Palabra del Señor.

Dar Gracias  -Meditaciones-

“Dale gracias por todo, porque todo es bueno”.

El Señor nos enseñó a ser agradecidos hasta por los favores más pequeños: Ni un vaso de agua que deis en mi nombre quedará sin su recompensa. El samaritano que volvió a dar gracias se marchó con un don todavía mayor: la fe y la amistad del Señor: Levántate y vete, tu fe te ha salvado, le dijo Jesús. Los nueve leprosos desagradecidos se quedaron sin la parte mejor que les había reservado. El Señor espera de nosotros los cristianos que cada día nos acerquemos a Él para decirle muchas veces: “¡Gracias, Señor!”.

Como virtud humana, la gratitud constituye un eficaz vínculo entre los hombres y revela con bastante exactitud la calidad interior de la persona. “Es de bien nacidos ser agradecidos”, dice la sabiduría popular. Y si falta esta virtud se hace difícil la convivencia humana.

Cuando somos agradecidos con los demás guardamos el recuerdo afectuoso de un beneficio, aunque sea pequeño, con el deseo de pagarlo de alguna manera. En muchas ocasiones solo podremos decir “gracias”, o algo parecido. En la alegría que ponemos en ese gesto va nuestro agradecimiento. Y todo el día está lleno de pequeños servicios y dones de quienes están a nuestro lado. Cuesta poco manifestar nuestra gratitud y es mucho el bien que se hace: se crea un mejor ambiente, unas relaciones más cordiales, que facilitan la caridad.

La persona agradecida con Dios lo es también con quienes la rodean. Con más facilidad sabe apreciar esos pequeños favores y agradecerlos. El soberbio, que solo está en sus cosas, es incapaz de agradecer; piensa que todo le es debido.

Si estamos atentos a Dios y a los demás, apreciaremos en nuestro propio hogar que la casa esté limpia y en orden, que alguien haya cerrado las ventanas para que no entre el frío o el calor, que la ropa esté limpia y planchada… Y si alguna vez una de estas cosas no está como esperábamos, sabremos disculpar, porque es incontablemente mayor el número de cosas gratas y favores recibidos.

Toda la convivencia humana está llena de pequeños servicios mutuos. ¡Cómo cambiaría esta convivencia si además de pagar y de cobrar lo justo en cada caso, lo agradeciéramos! La gratitud en lo humano es propio de un corazón grande.

Las acciones de gracias frecuentes deben informar nuestro comportamiento diario con el Señor, porque estamos rodeados de sus cuidados y favores: “nos inunda la gracia” Pero existe un momento muy extraordinario en el que el Señor nos llena de sus dones, y en él debemos ser particularmente agradecidos: la acción de gracias que sigue a la Misa.

Nuestro diálogo con Jesús en esos minutos debe ser particularmente íntimo, sencillo y alegre. No faltarán los actos de adoración, de petición, de humildad, de desagravio y de agradecimiento. “Los santos nos han dicho repetidamente que la acción de gracias sacramental es para nosotros el momento más precioso de la vida espiritual”.

En esos momentos debemos cerrar la puerta de nuestro corazón para todo aquello que no sea el Señor, por muy importante que pueda ser o parecer. Unas veces nos quedaremos a solas con Él y no serán necesarias las palabras; nos bastará saber que Él está allí, en nuestra alma, y nosotros en Él. Bastará poco para estar hondamente agradecidos, contentos, experimentando la verdadera amistad con el Amigo. Allí cerca están los ángeles, que le adoran en nuestra alma… En ese momento el alma es lo más semejante al Cielo en este mundo. ¿Cómo vamos a estar pensando en otras cosas…?

En otras ocasiones echaremos mano de esas oraciones que recogen los devocionarios, que han alimentado la piedad de generaciones de cristianos durante muchos siglos:  Alma de Cristo…, y otras muchas, que los santos y los buenos cristianos que han amado de verdad a Jesús Sacramentado nos han dejado como alimento de nuestra piedad.

“El amor a Cristo, que se ofrece por nosotros, nos impulsa a saber encontrar, acabada la Misa, unos minutos para una acción de gracias personal, íntima, que prolongue en el silencio del corazón esa otra acción de gracias que es la Eucaristía.

Jesús es el Maestro, y reconocemos que Él tiene palabras de vida eterna…, y en nosotros ¡existe tanta ignorancia! Él enseña sin cesar, pero debemos estar atentos. Si estuviéramos con la imaginación, la memoria, los sentidos dispersos… no le oiríamos.

En la Comunión contemplamos al Amigo, el verdadero Amigo, del que aprendemos lo que es la amistad. A Él le contamos lo que nos pasa, y siempre encontramos una palabra de aliento, de consuelo… Él nos entiende bien. Pensemos que está con la misma presencia real con la que se encuentra en el Cielo, que le rodean los ángeles… En ocasiones pediremos ayuda a nuestro Ángel Custodio: “Dale gracias por mí, tú lo sabes hacer mejor”. Ninguna criatura como la Virgen, que llevó en su seno durante nueve meses al Hijo de Dios, podrá enseñarnos a tratarle mejor en la acción de gracias de la Comunión.  Acudamos a Ella.

Luego de esta meditacion de accion de gracias a Dios, te propongo darle gracias con obras; acercate a tu Iglesia o capilla, y ofrecete como voluntario, si no puedes haz alguna donacion te sorprenderia saber todo lo que puedes hacer por el prójimo.  Una forma de ayudar es comentar en la parroquia de tu zona esta iniciativa,“Ayudemos a Maria , con Una Mochila para sus hijitos”. y que en cada misa lo puedan anunciar seguro habrá un Caritas funcionando que se encargará de recibir las donaciones, ponte en marcha y haz de esta iniciativa tu proyecto para Maria Nuestra Madre, Sé tu un apóstol de Jesus y haz la obra de un Buen Hijo de Dios!

Tu recompensa será grande porque “Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida.”
Aleluya.

Yo soy quien los ha elegido del mundo, dice el Señor, y los he destinado para que vayan y produzcan fruto y su fruto perdure. Aleluya.

Acostúmbrate a elevar tu corazón a Dios, en acción de gracias, muchas veces al día. —Porque te da esto y lo otro. —Porque te han despreciado. —Porque no tienes lo que necesitas o porque lo tienes.

“Porque hizo tan hermosa a su Madre, que es también Madre tuya. —Porque creó el sol y la luna y aquel animal y aquella otra planta. —Porque hizo a aquel hombre elocuente y a ti te hizo premioso…

“Dale gracias por todo, porque todo es bueno”

El Señor nos enseñó a ser agradecidos hasta por los favores más pequeños: Ni un vaso de agua que deis en mi nombre quedará sin su recompensa…

Y asi contemplareis la gloria de ser recibidos en el cielo con las manos llenas de buenas obras.

Los Hijitos de Maria, Nuestros hermanitos te necesitan!

Ayudemos a Maria, con una mochila para sus hijitos!

Te inito a meditar junto a este video

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