¡Queridos hijos! Que este tiempo sea para ustedes tiempo de oración personal, para que en sus corazones crezca la semilla de la fe!

la oración personal es muy  importante para el crecimiento espiritual de cada uno.

La oración personal es muy importante para el crecimiento espiritual de cada uno.

Mensaje de Nuestra Madre desde el cielo para nosotros, sus hijos..

¡Queridos hijos! Que este tiempo sea para ustedes tiempo de oración personal, para que en sus corazones crezca la semilla de la fe, y pueda crecer en testimonio alegre para los demás. Yo estoy con ustedes y deseo exhortarlos a todos: crezcan y alégrense en el Señor que los ha creado. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!

La gracia requiere siempre de nuestra cooperación y aceptación: Siempre debe contar con nuestro asentimiento para que actúe y con nuestra disponibilidad para rezar y hacer lo que sabemos y discernimos es la voluntad de Dios en nuestras vidas.

Gracia es que nuestra Madre se aparezca con tanta frecuencia y durante tanto tiempo en Medjugorje. Gracia es que nos llame a seguir el camino, que nos propone por medio de sus mensajes mensuales y extraordinarios. Gracia es que la escuchemos creyendo en la verdad de estas apariciones. Gracias son las que Ella nos trae y nos ofrece para nuestra conversión y nuestra santidad.

Ahora nos recuerda que “debemos orar y que la oración personal es muy  importante para el crecimiento espiritual de cada uno.”

La fe plantada sigue firme y puede crecer.  Crecerá en la medida que me encuentre con Dios y que lo deje entrar en mi corazón. Él en mí y yo en Él. Porque es el Señor quien primero me llama a su intimidad. “Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y me abre yo entraré a él y cenaré con él y él conmigo” (Ap 3:20).

La oración que me hace crecer en la fe –nos dice la Reina de la Paz– es aquella en la que dedicamos tiempo para tener un encuentro privado con nuestro Creador y Salvador. Es esa oración que hacemos “cerrando la puerta de la habitación”, solos con Dios que está en lo secreto (Cf. Mt 6:6). Es decir, cuando de algún modo, del que podamos, nos apartamos en el silencio y cerramos también la puerta de los sentidos, en el silencio, para dialogar con nuestro Señor. Es entonces que nos encontramos en lo secreto con Él, en el santuario de nuestro corazón.

Esa oración está hecha de palabras y de silencios. En la oración le hablamos pero también debemos escucharle para recibir sus inspiraciones y mociones.

Como el lugar del encuentro es el santuario del corazón, lo más íntimo de nosotros, la oración verdadera es la oración del corazón. Es cuando la boca o la mente habla de la plenitud del corazón (Cf Mt 12:34), cuando nuestro tesoro está puesto en Dios (Cf Mt 6:21).

“Cuando pronunciéis vuestra oración, procurad que salga del corazón. En su verdadero sentido, la oración no es otra cosa que un suspiro dirigido a Dios; cuando falta este impulso, no se puede hablar de oración”. Quien anhela a Dios ya está orando aunque no lo exprese con palabras. Por eso mismo, el corazón debe ser purificado de las pasiones, que alejan de lo sagrado y de todo pecado, mediante la confesión.

La primera oración debe ser la del ofrecimiento del día y para pedir que el Señor llene nuestros vacíos. Oración de ofrecimiento y también de abandono a su Providencia y a su Misericordia.

Oración es la alabanza, la acción de gracias, la petición personal y la intercesión por otros. Oración es la vocal, la de cada Rosario que rezamos y también la mental.

Sin embargo, además del crecimiento de la fe, de acuerdo a este mensaje, hay otro paralelo: el de la alegría del corazón que nos vuelve testigos alegres, gozosos de la presencia de Dios en nuestras vidas.

¡Cuánto más a partir de la venida de nuestro Salvador, debemos alegrarnos! Alegrarnos por la Buena Noticia que Dios se hizo hombre y no sólo estuvo sino que permanece con nosotros. La Buena Noticia que nos dio a la Santísima Virgen como Madre. Y que Ella está también con nosotros, y nos viene a visitar y a acompañarnos y a exhortarnos y guiarnos hacia la felicidad verdadera, la que no tiene fin.

Cuando nos acercamos al Señor y acrecentamos la fe por medio de la oración y por la fe intensificamos la vida sacramental, cuando aprendemos a entrar en la intimidad a la que Dios nos llama, cuando, en fin, nos abrimos a la gracia y cooperamos con ella, entonces experimentamos paz y el gozo en el Señor y ésa es nuestra fortaleza.

Así nos dice la Santísima Virgen, así lo dice el salmista con otras palabras:

“Si el Señor no construye la casa,
en vano trabajan los albañiles;
si el Señor no custodia la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.
Es inútil que os levantáis temprano,
y después retrasáis el descanso,
que comáis el pan de vuestros sudores,
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!” (Salmo 127)

P. Justo Antonio Lofeudo

Oracion de La Paz de Juan Pablo II

Dios de nuestros padres,
grande y misericordioso,
Señor de la paz y de la vida,
Padre de todos.

Tú tienes proyectos de paz y no de aflicción,
condenas las guerras
y derribas el orgullo de los violentos.

Tú has enviado a tu Hijo Jesús
a anunciar la paz a los cercanos y lejanos,
a reunir a los hombres de toda raza y de toda estirpe
en una sola familia.

Escucha el grito unánime de tus hijos,
súplica angustiosa de toda la humanidad:
nunca más la guerra, aventura sin retorno,
nunca más la guerra, espiral de luto y de violencia;
amenaza para tus criaturas
en el cielo, en la tierra y en el mar.

En comunión con María, la Madre de Jesús,
te suplicamos de nuevo: habla a los corazones
de los responsables de la suerte de los pueblos,
detén la lógica de la retorsión y de la venganza,
sugiere con tu Espíritu soluciones nuevas,
gestos generosos y honrosos,
espacios de diálogo y de espera paciente,
más fecundos que los acelerados plazos de la guerra.

Concede a nuestro tiempo días de paz.

Nunca más la guerra. Amén

Ven Espíritu Santo, llena los corazones de Tus fieles y enciende en ellos el fuego de Tu amor.

– Envía, Señor, Tu Espíritu y todo será creado.

– Y renovarás la faz de la tierra.

Oremos: Oh Dios, que con la luz del Espíritu Santo enseñas a Tus fieles a conocer la verdad, concédenos conocerla en el mismo Espíritu y gozar siempre de sus consuelos. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

¡Bendito, Alabado y Adorado sea Jesucristo en el Santísimo Sacramento del altar!

¡Bendito, Alabado y Adorado sea Jesucristo en el Santísimo Sacramento del altar!

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