¡Queridos hijos! En este día de alegría los llevo a todos ante mi Hijo Rey de la Paz, para que Él les dé su paz y bendición.

¡Queridos hijos! En este día de alegría los llevo a todos ante mi Hijo Rey de la Paz, para que Él les dé su paz y bendición. Hijitos, compartan esa paz y bendición en amor con los demás. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!

Orad siempre antes de iniciar vuestras ocupaciones de cada día.

Orad siempre antes de iniciar vuestras ocupaciones de cada día.

“un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros; y se llamará su nombre Consejero Admirable, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Is 9:6)

Ese niño nacido hace más de 2000 años en Belén de Judá, conocido luego como Jesús de Nazaret, sería quien traería la paz de Dios al mundo. La paz conquistada en la más cruenta de las guerras: la guerra contra Dios, la guerra contra un hombre Hijo de Dios, el Mesías, que lo llevaría a la muerte, voluntariamente aceptada y, a través de ella, al triunfo de su Resurrección.

“El castigo que nos devuelve la paz cayó sobre él y por sus llagas hemos sido curados”, habla Dios por medio del profeta (Is 53:5). Es Cristo, el Siervo Doliente, que en la Pasión de la cruz, en el momento de mayor oscuridad, nos alcanza la victoria y nos trae la paz.

Cristo es la respuesta de Dios al dolor, a la muerte. Cristo es el único que transforma el escándalo del sufrimiento en misterio y misterio de salvación.

Una sola es la Persona de Cristo, Persona Divina, una sola la historia de la salvación, por eso la Navidad está unida a la Pasión y a la Pascua. Nació para morir por nosotros y resucitar para nosotros, para que tengamos la vida eterna. Es por su Pasión que nos llega la paz, la reconciliación con Dios y la victoria sobre la muerte. ¡Cómo no va a ser ésta la Buena Noticia! ¡Cómo no alegrarnos en esta y en toda Navidad!

La paz plena de Dios es la gran diferencia que hace a la conversión. Quien no se ha encontrado aún con Jesucristo no puede conocer la paz verdadera. La paz de quien responde al llamado a la conversión que Dios le hace, es la experiencia del corazón reconciliado con su Creador y Padre, por la Sangre del Cordero.

Convertirse, o más propiamente dejarse convertir el corazón por Dios, es acercarse a Jesucristo. Por eso y a eso nos está invitando maternalmente nuestra Reina de la Paz en este mensaje. A recibir la paz del único que nos la puede dar, a recibir su bendición divina.

Acercarnos al Señor es acercarnos al Cristo total, a toda su vida, toda su historia humana y su gloria divina y todo ello está encerrado en su presencia en la Eucaristía. La Eucaristía nos revela la plenitud del amor de Dios y nos lleva a responder a ese amor. En la Eucaristía está la encarnación, la muerte, el misterio pascual y la salvación. Es Dios que se ofrece a sí mismo. Es el don más sublime. Es “el sacramento en el que Cristo ha querido concentrar para siempre su misterio de amor”.

Dios nos bendice en cada aproximación que hacemos a Él, en cada Eucaristía, en cada adoración, en cada oración del corazón, en cada acto de amor. Y en cada bendición suya recibimos nosotros su paz, la paz que nos sella. Su bendición infunde en nosotros amor, generosidad, bondad. El amor, la generosidad, la bondad impulsan a no quedarse con el don sino a multiplicarlo dándolo, compartiéndolo.

Respondiendo a este llamado de nuestra Madre del Cielo recibiremos paz y bendición y seremos nosotros también paz y bendición para los otros.

Que de la plenitud de Jesús recién nacido ofrecido por su Madre, recibamos todos paz y bendición.
P. Justo Antonio Lofeudo
www.mensajerosdelareinadelapaz.org

Este es el mensaje y comentario de Nuestra Señora de la Paz en Medjugorje

del dia 25 de Diciembre de 2009.

Para ver mas mensajes y comentarios hacer click Aquí

¡Bendito, Alabado y Adorado sea Jesucristo en el Santísimo Sacramento del altar!

¡Bendito, Alabado y Adorado sea Jesucristo en el Santísimo Sacramento del altar!

¡Bendito, Alabado y Adorado sea Jesucristo en el Santísimo Sacramento del altar!

“Hijos, dadle al Señor todo vuestro pasado, todo el mal que se acumuló en vuestros corazones. Deseo que cada uno sea feliz, pero nadie puede serlo con el pecado. Para ello, hijos queridos, orad y en la oración conoceréis el nuevo camino de la alegría. La alegría se manifestará en vuestros corazones y así podréis ser testigos gozosos de lo que mi Hijo y yo deseamos de cada uno de vosotros.

Os invito a que cada uno comience a vivir la nueva vida, que Dios desea de vosotros, y a empezar a hacer buenas obras de amor y de misericordia. No quiero, hijos queridos, que viváis los mensajes y al mismo tiempo cometáis el pecado, que no me agrada.

Por eso, queridos hijos, deseo que cada uno inicie una nueva vida sin que destruya todo lo que Dios obra en cada uno de vosotros y todo lo que os está dando. Os amo, por eso deseo que seáis santos.

No déis importancia a las cosas pequeñas de acá. ¡Tended a las del Cielo!

Yo os invito a la conversión total, que es difícil para todos los que no han elegido a Dios. Os invito hijos queridos a que os convirtáis totalmente a Dios. Dios puede daros todo lo que le pidáis; pero vosotros sólo buscáis a Dios cuando vienen las enfermedades, los problemas, las dificultades y pensáis que Él esté lejos de vosotros y que no os escucha y no satisface vuestras oraciones. No, queridos hijos, ¡eso no es cierto! Si estáis lejos de Dios no podréis recibir gracias porque no lo buscáis con fe firme. Oro por vosotros todos los días y deseo aproximaros siempre más a Dios, pero no puedo hacerlo si vosotros no lo deseáis. Por ello, hijos queridos, poned vuestras vidas en las manos de Dios.

Mensaje extraido de el Sitio de los mensajeros de La reina  de la paz, para meditar los mensajes de Nuestra Madre y orar junto a ella te invito a honrarla todos los dias cada vez que puedas, rezando el Angelus a la mañana (6 am.) al mediodia (12hs) a la tarde (18hs).

Oremos;

El Ángel del Señor anunció a María.
R.
Y concibió por obra del Espíritu Santo.
Dios te salve, María… Santa María…

V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra.
Dios te salve, María… Santa María…

V. Y el Verbo se hizo carne.
R.
Y habitó entre nosotros.
Dios te salve, María… Santa María…

V. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo.

Oremos:
Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos, por su pasión y su cruz, a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

Que María, Reina de la paz, nos ayude a todos a construir juntos este bien fundamental de la convivencia humana. Sólo así el mundo podrá avanzar por el camino de la justicia y de la solidaridad fraterna.

¡Que reine la oración en todo el mundo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: