¡Queridos hijos! En este día de alegría los llevo a todos ante mi Hijo Rey de la Paz, para que Él les dé su paz y bendición. Hijitos, compartan esa paz y bendición en amor con los demás.

Maria Nuestra Madre Santisima nos habla y nos llama a orar junto a Ella en este nuevo nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo

Mensaje del dia 25 de Diciembre de 2009

¡Queridos hijos! En este día de alegría los llevo a todos ante mi Hijo Rey de la Paz, para que Él les dé su paz y bendición. Hijitos, compartan esa paz y bendición en amor con los demás. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!

Aparición anual a Jakov del 25 de diciembre

La Virgen vino también hoy con un vestido dorado y con el Niño Jesús en brazos. La aparición comenzó a las 14:35, duró 12 minutos y dio el siguiente mensaje:

¡Queridos hijos! Todo este tiempo en que Dios, de manera especial me ha permitido estar con ustedes, deseo guiarlos por el camino que conduce a Jesús y a vuestra salvación. Hijitos míos, solamente en Dios pueden encontrar la salvación, y por eso, especialmente en este día de gracia, con el Niño Jesús en brazos, los invito a que le permitan a Jesús que nazca en sus corazones. Solamente con Jesús en el corazón, pueden emprender el camino de la salvación y de la vida eterna. Gracias por haber respondido a mi llamado.

Mensaje del dia 2 de Diciembre de 2009, dado por medio de Mirjana

Queridos hijos, en este tiempo de preparación y de gozosa espera, yo, como Madre, deseo indicarles qué es lo más importante para vuestra alma. ¿Puede mi Hijo nacer en ella? ¿Está por el amor purificada de mentiras, soberbia, odio y maldad? ¿Ama vuestra alma por encima de todo a Dios como Padre y al hermano en Cristo? Yo les indico el camino que elevará vuestra alma a la completa unión con mi Hijo. Deseo que mi Hijo nazca en vosotros. ¡Qué alegría sería para mí, Madre! Gracias.

visite el sitio de los mensajeros de la reina de la Paz en el siguiente link www.mensajerosdelareinadelapaz.org

Yo necesito de ustedes.
Los llamo y les pido vuestra ayuda. Reconcìliense con ustedes mismos, con Dios y con vuestro pròjimo, después, ayùdenme. Conviertan a los incrédulos.
Enjugen las làgrimas de mi rostro

La unión con María ofrece a los más pobres los frutos de la unión mística que sólo encontramos en las séptimas moradas: la infancia espiritual, la intimidad con la vida trinitaria, el deseo intenso de sufrir en unión con la pasión redentora de Cristo, el total abandono a la voluntad de Dios y gracias de intimidad casi constantes.

Tradicionalmente la vida de unión con María, unida a Dios, se manifiesta como una luz que Dios concede al final de la noche del espíritu, como un grado suplementario y más íntimo de la unión.

Por la consagración al Corazón Inmaculado de María, el más sencillo de hijos de la Virgen goza de las ternuras y de los auxilios reservados habitualmente al novio o al esposo.

Consagrar y sacrificar significan etimológicamente lo mismo: hacer sagrado por medio de una ofrenda a Dios. La finalidad de la consagración es la de sacrificarse totalmente por amor, pero en el Corazón de María, esto es, de la manera más dulce y tierna.

Todo aquello que no podemos cargar nosotros mismos se lo ofrecemos a ella, para que al igual que en el sacrificio de la Misa, por la consagración, el amargo pan de la miseria se convierta en dulce pan de ángeles. Cuando se comprende este principio redentor, concebido por la Sabiduría divina, se tiene ansias de colaborar con la Virgen en la consagración de sí mismo y del mundo como lo ha hecho de manera tan explícita Juan Pablo II al retirarse de Czestochowa:

“Madre de la Iglesia, nuevamente me consagro a ti, a tu maternal esclavitud de amor: ¡Totus tuus! ¡Soy todo tuyo! ¡Te consagro toda la Iglesia, donde quiera que esté, hasta las extremidades de la tierra! Te consagro la humanidad; te consagro todos los seres humanos, mis hermanos; todos los pueblos y todas las naciones. Te consagro Europa y todos los continentes. Te consagro Roma y Polonia unidas a través de tu servidor por un nuevo lazo de amor, ¡Oh Madre, dígnate aceptar esta consagración! ¡Oh Madre, no nos abandones! ¡Oh Madre, guíanos!”

La palabra de Jesús debe interpelarnos de una manera imperiosa: al final de los tiempos el amor de un gran número se enfriará (Mt 24,12). La finalidad de la consagración es que seamos capaces, entregándonos al Corazón de María, de llegar a amar con un amor divino.

Además de la Biblia y el Catecismo de la Iglesia Católica, los dos libros indispensables para la formación de un cristiano para los tiempos que se avecinan, son, sin ninguna duda, el Tratado de la verdadera devoción a María de san Luis María Grignion de Montfort (que será citado en el retiro bajo las siglas VD o SM para el Secreto de María), e Historia de un Alma de santa Teresita del Niño Jesús, proclamada doctora de la Iglesia el 19 de octubre de 1979. Teresita viene a completar las enseñanzas de Grignion de Montfort mostrando que el caminito por el cual triunfa la misericordia forma parte del secreto de Dios para los últimos tiempos.

Para información sobre el libro, ver  en Material de Difusión la sección Libros

Para información sobre el Retiro de Consagración, puede escribirse a:

cmariareina@mensajerosdelareinadelapaz.org

para mas informacion acerca de la comunion de Maria

hacer click aquí

oremos

Soy todo tuyo María

Virgen María, Madre mía, me consagro a ti

y confío en tus manos toda mi existencia.

Acepta mi pasado con todo lo que fue.

Acepta mi presente con todo lo que es.

Acepta mi futuro con todo lo que será.

Con esta total consagración te confío cuanto tengo y cuanto soy,

todo lo que he recibido de Dios.

Te confío mi inteligencia, mi voluntad, mi corazón.

Deposito en tus manos mi libertad, mis ansias y mis temores,

mis esperanzas y mis deseos, mis tristezas y mis alegrías.

Custodia mi vida y todos mis actos

para que le sea más fiel al Señor

y con tu ayuda alcance la salvación.

Te confío ¡Oh María! mi cuerpo y mis sentidos

para que se conserven puros y me ayuden en el ejercicio de las virtudes.

Te confío mi alma

para que tú la preserves del mal.

Hazme partícipe de una santidad igual a la tuya;

hazme conforme a Cristo, ideal de mi vida.

Te confío mi entusiasmo y el ardor de mi juventud,

para que tú me ayudes a no envejecer en la fe.

Te confío mi capacidad y deseos de amar;

enséñame y ayúdame a amar como tú has amado

y como Jesús quiere que se ame.

Te confío mis incertidumbres y angustias

para que en tu corazón yo encuentre seguridad,

sostén y luz en cada instante de mi vida.

Con esta consagración me comprometo a imitar tu vida.

Acepto las renuncias y sacrificios que esta elección comporta

y te prometo, con la gracia de Dios y con tu ayuda,

ser fiel al compromiso asumido.

¡Oh María!, soberana de mi vida y de mi conducta,

dispón de mí y de todo lo que me pertenece,

para que camine siempre junto al Señor bajo tu mirada de Madre.

¡Oh María! Soy todo tuyo

y todo lo que poseo te pertenece ahora y siempre. ¡Amén!

Súplica a Dios

La Sma. Virgen le dictó la siguiente oración a Jelena el 22/6/85, aconsejándole que la recitasen en su grupo de oración:

Oh, Dios, nuestro corazón está en profunda oscuridad,

a pesar de nuestra unión a tu Corazón.

Nuestro corazón se debate entre Vos y satanás.

¡No permitas que eso ocurra!

Todas las veces que el corazón está dividido

entre el bien y el mal,

que sea iluminado por tu luz

y que reencuentre la unidad.

No permitas nunca

que en nosotros haya dos amores,

que puedan en nosotros coexistir dos creencias.

Que nunca cohabiten en nosotros

la mentira y la sinceridad,

el amor y el odio,

la honestidad y la deshonestidad,

la humildad y el orgullo.

Ayúdanos, en cambio,

para que nuestro corazón se eleve hacia Vos, como el de un niño.

Haz, Señor, que nuestro corazón esté radiante de paz

y que de ella tenga siempre nostalgia.

Haz que puedan habitar en nosotros

tu santa voluntad y tu amor.

Que deseemos, al menos algunas veces, ser tus hijos.

Y cuando, Oh Señor, deseemos ser tus hijos,

acuérdate de nuestros pasados deseos

y ayúdanos a nuevamente acogerte.

Te abrimos nuestros corazones

para que viva en nosotros tu santo amor.

Te abrimos nuestras almas

para que sean tocadas por tu santa misericordia,

que nos ayudará a ver claramente todos los pecados,

y nos hará comprender

que es el pecado el que nos hace impuros.

Deseamos, Dios, ser tus hijos

humildes y devotos,

para poder volvernos

tus hijos amados y sinceros,

así como el Padre quiere de nosotros.

Jesús, hermano nuestro, ¡ayúdanos!

a que obtengamos del Padre su bondad

y a que seamos buenos hacia Él.

Ayúdanos, Oh Jesús,

a comprender bien lo que Dios nos da,

porque a veces renunciamos a hacer

una buena acción, casi como si fuese un mal para nosotros.

Recuerda estas consideraciones acerca de la oracion;

El primer requerimiento de la oración es el silencio. Las personas de oración son personas de silencio.
La oración no es pedir. La oración es ponerse uno mismo en las manos de Dios, a disposición suya, y escuchar Su voz en la profundidad de nuestros corazón.

Hay mucha gente que, para no orar, utilizan la excusa de que la vida es tan agitada que las aparta de la oración. Esto no puede ser. La oración no necesita que interrumpamos nuestro trabajo sino que continuemos trabajando como si fuera una oración. No es necesario estar siempre meditando, ni conscientemente experimentar la sensación de que estamos hablando con Dios, no importa cuán bello esto pueda ser. Lo que importa es estar con Él, vivir con Él, en Su voluntad. Amar con un corazón puro, amar a todos, especialmente amar al pobre, es oración de 24 horas al día.
La oración hace más grande a tu corazón, hasta que es capaz de contener el don de Dios mismo.

De la Madre Teresa de Calcuta: “Con mis propias palabras”.



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