María, Santa Madre de Dios, Madre de la Misericordia, gracias por cuidar de tus pequeños y rebeldes hijos, gracias por venir a nosotros a sacarnos del error y la confusión. No te alejes nunca de nosotros, y no dejes que nosotros nos alejemos de ti.

María llora con lágrimas de sangre. Sus advertencias no son escuchadas, el mundo sigue su camino alejado de Dios.

“Si se convierten, las piedras y las rocas se transformarán en montañas de trigo, y las papas crecerán solas en la tierra”.

 

 

 

 

 

 

 

 

La hermosura de María se hace esplendorosa en cada aparición. Ella se muestra distinta, adaptándose al lugar, a los corazones, a los tiempos, pero fundamentalmente al mensaje que Dios le envía a transmitir en cada caso. Nada es casual, todo tiene su importancia, aún el menor detalle posee un profundo significado que los hombres, las más de las veces, tardamos décadas o siglos en descubrir.

“Vengan cerca de mí, mis niños, no tengan miedo. Yo estoy aquí para darles grandes noticias”, les dijo María en francés. Tomando confianza con estas palabras, los niños se apuraron a correr a su encuentro. Su voz, decían ellos, era como música. Ella también caminó unos pasos en su dirección. Se acercaron a ella tanto, como después lo expresaron, que no habría lugar para que otra persona pase entre ellos y la Dama. Cuando ellos pudieron verla de cerca advirtieron que estaba llorando, y las lágrimas nunca cesaron de caer de sus ojos mientras duró la aparición. Maximin dijo: “Ella era como una mamá cuyos hijos fueron golpeados, y que escapó a la montaña para llorar

La Hermosa Dama era alta y parecía estar hecha de luz. Estaba vestida como una mujer de la región, con un largo vestido. También llevaba un shal, que estaba cruzado en su pecho y anudado en la espalda. Tenía una especie de vincha en su cabeza, coronada de rosas. También los bordes de su shal estaban coronados de rosas así como su calzado. Sobre su flequillo brillaba una luz como de una diadema y sobre sus hombros brillaba una pesada cadena. De su cuello pendía otra cadena dorada, pero de menor tamaño. En ella resaltaba un Crucifijo resplandeciente, donde Jesús parecía estar vivo. A un lado de la Cruz se veía un martillo y al otro lado un par de pinzas o tenazas, ambas cosas apenas a un costado de las manos clavadas del Señor. Esto se debe interpretar como en relación a nuestros actos que clavan a Cristo en la Cruz (nuestros pecados se relacionan con el martillo) y también al amor como un gesto que saca los clavos que sujetan al Señor al Madero (las tenazas). De la cabeza de María subía un gran resplandor hacia el Cielo, como rayos que subían hacia lo alto. Sin dudas el conjunto representaba tal majestuosidad que marcó el recuerdo de los niños por el resto de sus vidas.

“Ah, mis pequeños, ustedes deben asegurarse de orar bien cada mañana y cada tarde. Cuando no lo puedan hacer mejor, digan al menos un Padre Nuestro y un Ave María. Cuando tengan tiempo, digan más oraciones. Ya nadie asiste a Misa excepto por unas pocas ancianas. El resto trabaja el domingo, todo el verano. Luego, cuando llega el invierno, cuando no saben qué hacer van  a Misa a burlarse de la religión. Luego, durante Cuaresma, van al mercado a comprar alimentos, como si fuesen perros”.

Si se convierten, las piedras y las rocas se transformarán en montañas de trigo, y las papas crecerán solas en la tierra”.

María aquí nos indica claramente que los disturbios de la naturaleza y los males que aquejan al mundo son culpa, en gran parte, de los pecados del hombre. Así como el paraíso era perfecto antes de que el hombre lo manchara con su pecado y su rebelión, así el mundo actual se corrompe más y más cuanto más se aleja el hombre de Dios. El Padre Creador, en Su infinito amor, espera nuestra conversión para regalarnos sus dones.

Una aparición profética en su contenido, y plena de advertencias sobre los males que se derramarían sobre el mundo. Una de las anécdotas más notables que he descubierto sobre la aparición de la Virgen en La Salette, ha sido su relación con el Santo Cura de Ars. Su primera actitud fue la de apoyar la difusión de lo que ocurrió a los jóvenes Melanie y Maximin. Sin embargo, el Cura de Ars tuvo la oportunidad de entrevistar personalmente a Maximin, y no quedó satisfecho de la actitud del joven. Quizás esperaba a una persona especial, que fuera digna de recibir a la Madre de Dios. Sin embargo Maximin se presentó a él como un joven normal, lleno de miedos e inseguridades.
El Cura de Ars ingresó entonces en una etapa de incredulidad sobre lo que ocurrió en La Salette, aunque su corazón no estaba tranquilo, algo estaba mal. Luego de varios años pudo encontrar la paz en su corazón cuando de La Salette se trataba: Dios se encargó de demostrarle que la aparición había sido verdadera. Por supuesto, los años cimentaron esta nueva advocación, con el apoyo del Obispo del Lugar y de las conversiones que se produjeron alrededor de esta nueva aparición de María.
Les recomendamos leer sobre esta hermosa aparición de la Virgen en Francia, tierra bendecida por la Mano de Dios.


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