Enseñad a todos los pueblos a observar lo que yo os he mandado, dice el Señor, y sabed que yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

imagen de Maria, la Madre de misericordia.

imagen de Maria, la Madre de misericordia.

Oremos todos juntos por la

Jornada Mundial de las Misiones

La cruz es signo del amor de Dios

Dios inunda con su amor toda la creación

Por la evangelización de los pueblos

Que el Señor se apiade de nosotros y nos bendiga; que haga brillar su rostro sobre nosotros, para que se conozca en la tierra su camino y entre todos los pueblos, su salvación.

Se dice Gloria.


Oremos:

Dios nuestro, que quieres que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, mira la abundancia de tu mies y envíale operarios para que se anuncie el Evangelio a toda creatura; y tu pueblo, congregado por la palabra que da vida y sostenido con la fuerza de los sacramentos, avance por el camino de la salvación y del amor.

Por nuestro Señor Jesucristo…

Amén.

Los cristianos, que queremos imitar al Señor, hemos de disponernos para un servicio alegre a Dios y a los demás, sin esperar nada a cambio; servir incluso al que no agradece el servicio que se le presta. En ocasiones, muchos no entenderán esta actitud de disponibilidad alegre. Nos bastará saber que Cristo sí la entiende y nos acoge entonces como verdaderos discípulos suyos. El “orgullo” del cristiano será precisamente este: servir como el Maestro lo hizo. Pero solo aprendemos a darnos, a estar disponibles, cuando estamos cerca de Jesús. “Al emprender cada jornada para trabajar junto a Cristo, y atender a tantas almas que le buscan, convéncete de que no hay más que un camino: acudir al Señor.

“—¡Solamente en la oración, y con la oración, aprendemos a servir a los demás!”12. De ella obtenemos las fuerzas y la humildad que todo servicio requiere.

Nuestro servicio a Dios y a los demás ha de estar lleno de humildad, aunque alguna vez tengamos el honor de llevar a Cristo a otros, como el borrico sobre el que entró triunfante en Jerusalén. Entonces más que nunca hemos de estar dispuestos a rectificar la intención, si fuera necesario. “Cuando me hacen un cumplido –escribe el que más tarde sería Juan Pablo I–, tengo necesidad de compararme con el jumento que llevaba a Cristo el día de ramos. Y me digo: “¡Cómo se habrían reído del burro si, al escuchar los aplausos de la muchedumbre, se hubiese ensoberbecido y hubiese comenzado –asno como era– a dar las gracias a diestra y siniestra!… ¡No vayas tú a hacer un ridículo semejante…!”“14, nos advierte. Esta disponibilidad hacia las necesidades ajenas nos llevará a ayudar a los demás de tal forma que, siempre que sea posible, no se advierta, y así no puedan darnos ellos ninguna recompensa a cambio. Nos basta la mirada de Jesús sobre nuestra vida. ¡Ya es suficiente recompensa!

Servicio alegre, como nos recomienda la Sagrada Escritura: Servid al Señor con alegría, Sal 99, 2, especialmente en aquellos trabajos de la convivencia diaria que pueden resultar más molestos o ingratos y que suelen ser con frecuencia los más necesarios. La vida se compone de una serie de servicios mutuos diarios. Procuremos nosotros excedernos en esta disponibilidad, con alegría, con deseos de ser útiles. Encontraremos muchas ocasiones en la propia profesión, en medio del trabajo, en la vida de familia…, con parientes, amigos, conocidos, y también con personas que nunca más volveremos a ver. Cuando somos generosos en esta entrega a los demás, sin andar demasiado pendientes de si lo agradecerán o no, de si lo han merecido…, comprendemos que “servir es reinar”Juan Pablo II, Enc. Redemptor hominis, 4-III-1979, 21.

Aprendamos de Nuestra Señora a ser útiles a los demás, a pensar en sus necesidades, a facilitarles la vida aquí en la tierra y su camino hacia el Cielo. Ella nos da ejemplo:

“En medio del júbilo de la fiesta, en Caná, solo María advierte la falta de vino… Hasta los detalles más pequeños de servicio llega el alma si, como Ella, se vive apasionadamente pendiente del prójimo, por Dios”. Entonces hallamos con mucha facilidad a Jesús, que nos sale al encuentro y nos dice: cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a Mí me lo hicisteis.

El Evangelio debe ser el primer libro del cristiano porque nos es imprescindible conocer a Cristo; hemos de mirarlo y contemplarlo hasta conocer de memoria todos sus rasgos. “Al abrir el Santo Evangelio, piensa que lo que allí se narra obras y dichos de Cristo no solo has de saberlo, sino que has de vivirlo. Todo, cada punto relatado, se ha recogido, detalle a detalle, para que lo encarnes en las circunstancias concretas de tu existencia.

San Lucas -Santoral Catolico-

“-El Señor nos ha llamado a los católicos para que le sigamos de cerca y, en ese Texto Santo, encuentras la Vida de Jesús; pero, además, debes encontrar tu propia vida.

San Lucas, que tantas veces meditaría los hechos que relata, nos enseñará a amar, como lo hacían los primeros cristianos, el Santo Evangelio. En él encontraremos “el alimento del alma, la fuente límpida y perenne de la vida espiritual”

Médico y pintor, quien escribó uno de los cuatro Evangelios, el que con mayores precisiones nos habla de la Madre del Salvador.

San Lucas, hombre griego, médico y culto, que llevó una vida de continuas aventuras que lo llevaron a descubrir a Cristo, Muerto y Resucitado durante su tiempo, y también a conocer personalmente a la Madre de Dios. María enamoró el corazón de Lucas, de tal modo que es en su Evangelio donde más datos se encuentran sobre la Reina del Cielo.

Poco sabemos sobre este hombre, que tenía dones de sanación física que lo sorprendían a cada instante: fue justamente el descubrír que sus talentos provenían de Dios, lo que lo lanzó en la búsqueda del autor de sus días. Cristo se fue manifestando a Lucas paso a paso, poniendo en su vida a aquellos que lo habían conocido en vida. El médico griego fue recogiendo todos estos testimonios en su corazón, los que inspirados por el Espíritu Santo configuraron finalmente el Evangelio de San Lucas También Lucas tenía talento artístico, por lo que retrató a la Virgen en un cuadro que aún hoy conocemos como Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Descubramos la apasionante vida de este hombre de Dios, que sin haber sido uno de los Doce, llegó a conocer a Cristo como pocos lo hicieron, tomando el testimonio de los Apóstoles, de la Virgen y de muchos otros discípulos del Señor que la Divina Providencia puso en su camino.


Reina del cielo aquí descargue el libro de San Lucas Gratis.

Gracias Lucas por tu bello evangelio y tu libro de Los Hechos de
los Apóstoles. Queremos leer muchas veces tan bellos escritos.

Sed misericordiosos como vuestro Padre Celestial
es misericordioso (San Lucas 6,36).

Amén.

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